¿HAS PERDIDO TUS DETALLES?

EL BOMBERO DE LA INTERNACIONAL

 

Ser bombero, es un ideal buscado por muchos jóvenes y que pocas veces alguno llega a alcanzar. Es una vocación de hacer algo bueno a los demás sin esperar recompensa alguna, es solo sentir la satisfacción de cumplir el mandamiento de "Amar al prójimo".

Antiguamente para ingresar a la "Internacional" tuve que cumplir con el requisito de presentar una solicitud firmada por dos miembros con más de cinco años de antigüedad en la Compañía, la que primero tenía que ser aceptada por el Comité  para que posterior sea puesta en vitrina por lo menos treinta días siendo investigada por la Comisión de Justicia.

Después de una cuidadosa investigación, esta solicitud pasaba a votación de todos los miembros que asistían a la reunión de Junta General cada dos meses en la misma compañía.

Si la solicitud era observada con tres balotas negras, no era aceptada; si tan solo era observada con dos, pasaba nuevamente a la Comisión en espera de la manifestación de los observadores y si estos no se presentaban la solicitud era aceptada automáticamente en la próxima Junta.

La selección para el ingreso era muy estricta y minuciosa, se cumplía muy celosamente.

Ya aceptada la solicitud del aspirante, se podía considerar  un bombero siempre y cuando haya cumplido con la mayoría de edad, si no era considerado Socio Menor. También existían Socios Cooperadores, pero tampoco podían vestir las prendas de bombero.

Las exigencias para el aprendizaje del novato se iban cumpliendo con las manifestaciones vertidas por los activos así como con los ejercicios de cada mes. Durante las primeras asistencias a los incendios solo se les permitían hacer tareas que no fueran de mucho riesgo para su integridad física y se los limitaba a las funciones de cuidar las mangueras, de llevar mensajes, ayudar en todo lo más posible para así ir aprendiendo a desempeñarse como un buen bombero.

El cuidado de los novatos era un celo de todos y muy especial de los oficiales quienes a cada instante preguntaban por ellos. El novato empezaba aprendiendo el lugar de cada herramienta y para que servía, la ubicación de las calles, jirones, avenidas, plazuelas, urbanizaciones y distritos de la ciudad de Lima; ubicación de los grifos contra incendios como también de los canales de regadío que atravesaban la ciudad y los días que estos estaban en uso. Otras veces se tenía que cumplir, dentro del aprendizaje, a represar el agua de las alcantarillas, lo que era muy desagradable por tener que hacerlo en esos tiempos, de aguas servidas muchas veces infestadas de insectos y roedores.

Si, el aprendizaje era muy severo y todos tenían que pasar por lo mismo, la meta de todos era de tener el pitón para lanzar el agua al incendio, pero para esto tenía que aprender a sostener la manguera como ayudante del pitonero, era una parte del aprendizaje muy pesada y delicada porque tenía uno que darle toda comodidad y facilidad al pitonero para que este pueda fácilmente dirigir el chorro de agua que muchas veces pasaba de las 120 libras de presión con boquilla de una pulgada.

También se nos enseñaba a usar el hacha, el pico, la pala, la pata de cabra, el bichero y muchas otras piezas y herramientas; de cómo llevar el paño de manguera enrollado y unirlos hasta donde se encontraba el pitonero. Los paños (mangueras) de ese entonces eran de lona, los nuestros siempre fueron los de marca Angus los que cuidábamos para que no se fueran a pinchar o romper. Recuerdo también que si había alguna fuga de agua, había que marcarlos con una venda para luego en el cuartel parcharla con remache luego de ser lavado y secado en la torre que para ese fin nosotros contábamos.

El bombero desempeñaba muchas funciones, y todas, todas eran y son aún hoy, muy importantes. La meta era desempeñarnos en toda emergencia lo más óptimo posible y eso lo lográbamos en conjunto lo que nos daba la mayor satisfacción del deber cumplido. Juntos lográbamos lo que solo no podríamos alcanzar.

Cuantas veces me he puesto a pensar de como los bomberos de épocas anteriores a mi ingreso tenían que halar las máquinas a vapor para llegar a un incendio y luego de tanta labor, regresar halando esa máquina hasta el cuartel.

Como te admiro y respeto bombero de aquel entonces, tu labor era mayor que la mía.

El equipamiento de mi época, nuestro uniforme de trabajo consistía de un casco para la protección de la cabeza, un capotín para resguardarnos especialmente del agua, una llave para las uniones de las mangueras; estas prendas eran de propiedad de la Compañía que nos la asignaba para el trabajo, luego teníamos que comprarnos un mameluco blanco, un par de botas y una toalla, si una toalla que nos servía para protegernos del humo, así como también nos confeccionábamos por nuestra cuenta un cinturón con un pedazo de manguera de lona.

Hoy todo esto ha cambiado mucho, el uniforme es brindado por la Comandancia General y usamos máscaras y tanques de aire comprimido para protegernos del humo. El agua por lo general la sacamos de los hidrantes que se han ido colocando en toda la ciudad o de las máquinas que trasladan hasta la misma puerta de la emergencia.

El ingreso para ser bombero es también muy estricto pero ahora se estudia para sacar un promedio de notas óptimas, además de rendir exámenes médicos, psicológicos, físicos entre otras cosas más.

Cuánto ha cambiado el ingreso, las academias y ejercicios para mejorar el trabajo a efectuarse no sólo contra el fuego sino en muchas especialidades que se han ido adquiriendo para un mejor desenvolvimiento en la acción del bombero voluntario.

 

Al escribir estas líneas he ido recordando pasajes de mi vida en esta vocación que me impuse y que me conllevó a una educación en el transcurso de los años para mejorar el estilo de vida en favor de los demás.

Agradezco a la familia de la Internacional a los bomberos que aún están conmigo, como también a aquellos que ya fueron a encontrarse con nuestro Padre y demás hermanos para gozar del premio eterno que se nos ha prometido.

 

Jorge G. Marín Bonilla
Teniente Brigadier CBP

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